La consejera para la Transición Ecológica constata la compatibilidad del desarrollo renovable con la conservación de la biodiversidad

La consejera para la Transición Ecológica y Sostenibilidad, Olga García, ha clausurado el Encuentro ‘Energía fotovoltaica y biodiversidad’, celebrado en Trujillo ayer miércoles y organizado por la Universidad de Extremadura, Junta de Extremadura, Fundación Biodiversidad e Iberdrola.

Olga García ha destacado que “en Extremadura siempre hemos sido conscientes de la simbiosis idónea entre la elevada irradiación solar y la disposición de terrenos desarbolados, con baja capacidad productiva y sin aves esteparias”.

En la región existe un compromiso con la transición hacia un nuevo modelo energético, compatible con la sostenibilidad y la biodiversidad. Desde la Junta de Extremadura se fomenta la implantación de este nuevo modelo energético, requiriendo a las empresas promotoras que respeten la biodiversidad y minimicen al máximo los impactos.

La consejera ha recordado que la región cuenta con un 30 por ciento de su territorio protegido principalmente por la red Natura 2000 y albergando algunas de las poblaciones más importantes de Europa de algunas especies amenazadas. A ello se une que disponemos del Plan Extremeño Integrado de Energía y Clima, orientado a conseguir la neutralidad climática y que el 100% de la energía que se produzca en Extremadura a final de esta década sea renovable.

En desarrollo de este Plan, la consejera ha indicado que “en la actualidad, Extremadura lidera el desarrollo renovable en España con un 26 por ciento de la potencia fotovoltaica instalada nacional (4.642 MW)”. Y este desarrollo se produce en equilibrio con la biodiversidad como demuestra el hecho constatado de que en entornos de aves esteparias se ha medido el impacto real de las instalaciones fotovoltaicas a medio plazo, con un resultado muy favorable.

Así las poblaciones de aves existentes en las plantas que se instalaron hace unos quince años son muy superiores a la del entorno, reproduciéndose en su interior especies como el alcaraván común, la carraca o el cernícalo primilla.

Desde la Junta de Extremadura también se evalúan los efectos que la construcción y explotación de las plantas fotovoltaicas tienen sobre la avifauna amenazada de forma que en cada proyecto se realiza una detallada integración ambiental de las plantas, exigiendo tanto con medidas preventivas, correctoras o compensatorias.

Una de las consecuencias ambientales de las plantas solares fotovoltaicas es la disminución de la presencia en el territorio de una serie de actividades que venían provocando una disminución de la biodiversidad, como la intensificación agrícola, ganadera, o la presencia humana, convirtiéndose las plantas en refugios para la biodiversidad.

Olga García ha finalizado su intervención destacando que “es posible desarrollar una planificación energética concordante con una planificación ambiental que modeliza la capacidad de acogida del territorio al desarrollo de energías renovables, teniendo en cuenta el reto demográfico y la biodiversidad”.

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